Devorando elefantes

lunes, 7 de mayo de 2018

Ventanas



Esta mañana volvemos a ver el mar.

Han sido unos días muy muy difíciles. M. se ha puesto malito. Vivir esto desde nuestra situación, con F. en la "distancia", creo que lo ha convertido todavía en más triste, y lo hemos echado mucho de menos, tanto M. como yo.

Este paréntesis de apiretal y desvelos, nos ha unido más si cabe a mi bebé y a mí. Qué bonita sensación la de sentir que cada día nos queremos más. Cuánto he sufrido de verlo  tan desvalido...

Pero ya parece que ha vuelto a salir el sol; será porque es lunes, nuestro día favorito de la semana y podemos volver a hacer planes; volvemos a soñar con el verano y todo el día para nosotros; volvemos a soñar con el tiempo de descanso; vuelvo a  pensar en sentarme frente al ordenador y volver a la carga; qué carga tan pesada esta de las oposiciones...

Aun así, vamos a mirar por esta ventana y pensar que el horizonte es azul y sereno.

miércoles, 25 de abril de 2018

Cuidados paliativos


Hay días que hay que dedicar a los cuidados paliativos.



M. hoy se despertó inquieto. Apenas hemos dormido. Lloriqueaba y se lastimaba. No puedo verlo así; no estoy acostumbrada porque él siempre se despierta entre sonrisas, y gracias a eso, el día ya es una nueva dicha. Sin embargo, hoy no ha sido así. 

Desde bien temprano he concluido que hoy lo dedicaríamos a besos y abrazos. Son los mejores cuidados paliativos con los que M. y yo contamos. Gracias a ellos, todo vuelve a la normalidad; vuelvo a ser una mujer joven, una mamá primeriza, que pasea con su bebé por las mañanas para tomar el sol; gracias a ellos, vuelvo a ser una profesora de lengua que ha decidido tomar una excedencia para cuidar a su bebé, para disfrutarlo y poder estudiar; gracias a ellos, puedo ir al pediatra como cualquier otra mamá que espera sentada su turno.

Los cuidados paliativos son necesarios para poder vivir. Nos permiten estar sin más contemplaciones. Ellos nos alejan del abandono, de la soledad, de las eternas noches, de las pesadillas, del insomnio y el cansancio, de los domingos en familia. Nos alejan de las madrugadas en las que tenemos que compartir el baño ante el temor de que M., dormidito e inocente,  se caiga de la cama; nos alejan de los viajes en coche por la noche, cuando somos los dos, y tenemos miedo; nos alejan del final del baño, de los vecinos y los compañeros del instituto. 






domingo, 15 de abril de 2018

Lunes

Miguel nació un lunes.





Me gustan los lunes. Creo que son mi día favorito de la semana. Es el día de VOLVER A EMPEZAR, el día que te ilusionas forjando nuevos proyectos, tal vez los mismos renovados. Hay que hacer otra vez la lista de la compra, nuevos víveres. Pides la cita que tenías pendiente y haces ejercicio.  Cuando llega la noche, te encuentras bien, satisfecho. La motivación tiene fuerza suficiente para acompañarte en estas 24 horas llenas de nuevas oportunidades. Los lunes estás más sano. Y más fuerte. Con suerte, renovado.

Me gusta pensar que mi niño nació en este día. El mejor de todos lo lunes. 

domingo, 14 de enero de 2018

ART

Fractal E -Cuerpos fractales-
Míriam Martínez Abellán


"TAKE YOUR BROKEN HEART, MAKE IT INTO ART", Meryl Strepp en su discurso de los Globos de Oro, el 9 de enero de 2017.


Indiscutiblemente, no se me ocurre mejor salida para el dolor que transformarlo en arte y me temo que esto responde al ferviente deseo de inmortalizar, dar vida, otorgar un tiempo, un espacio, a las heridas que nuestros años esculpidos a base de cincel y derrota, abren sobre nuestra piel de cristal. Es como si por fin hallase la razón última de por qué hay vidas que se doblan en cada esquina y qué hacer con cada paso improvisado que tuvimos que dar para salir de aquel desgastado laberinto. 

Escribir me da paz. Ahí reside el sentido de la literatura. Siempre he pensado que las más bellas obras de arte surgen del desasosiego, de la soledad, la incertidumbre, el miedo, la ira. Y el producto final, el objeto artístico, es  la más indulgente y generosa reconciliación que podemos obtener para con las vidas que han sido pintadas de rojo.

A partir de ahí, viene todo lo demás: el perdón, la tranquilidad, el desapego. El olvido. 


Finalmente, cuando observe las paredes de mis adentros, cuando lea los diarios de mi infancia, cuando escuche la melodía con la que me llevaste a pasear y lea todas las notas que escribí pensando en ti, en mí, comprenderé nuestro destino caduco y por qué me empeñé en dibujar una senda para el futuro.






sábado, 30 de diciembre de 2017

Mujer


Mujer sentada en una estación de tren

Me gustan estos días finales antes de terminar el año; me gusta dedicarme un poquito de tiempo y reflexionar sobre cómo ha ido todo en los últimos 365 días. 
Sin lugar a dudas, 2017 ha sido el año más significativo de mi vida. Lo más importante y que me brindó el momento de mayor felicidad y plenitud que jamás he experimentado fue el nacimiento de mi hijo Miguel. Antes de su llegada tenía un poquito de miedo; el embarazo fue un periodo de tremendas convulsiones emocionales: inquietudes, miedos, inseguridades, culpa, incertidumbres, desvelos, ilusiones, sueños, etc. Sin embargo, mi niño me lo puso todo tan fácil; apenas verle esa carita, apenas sentir su piel con mi piel, ya estábamos unidos para siempre; así lo supimos ambos. Me miraba perplejo con sus ojitos lindos, no paraba de hacerlo. A pesar de su recién llegada al mundo, mi bebé se sentía seguro en brazos de mamá y tuvimos unos días maravillosos en los que traté de no separarme de él puesto que solo hallaba la paz si lo tenía en mi brazos, sobre mi pecho. Nadie debiera separar a un recién nacido de los brazos de mamá o papá. 

Curiosamente, tres meses después del alumbramiento de Miguel, tuvo lugar otro; en este caso, no nos condujo a la plenitud, no me sirvió como bálsamo ni me reconcilió con todas mis imperfecciones y lamentos. F. y yo decidimos, por la felicidad de Miguel y la nuestra, no continuar estando juntos. Ha sido uno de los episodios más fuertes que he experimentado jamás. Un desconcierto que todavía hoy no alcanzo a entender. Durante aquellas semanas, no podía creer nada de lo que estaba sucediendo. Estaba desolada. Tremendamente rabiosa. Han pasado dos meses desde aquellos días (aquellos días negros cuya antesala venía ya desde el embarazo, qué embarazo...). No me apetece otra vez volver a revivir aquellas sensaciones; desde luego, fueron desgarradoras, todavía hoy arrastro algo de ellas, pero 2017 ha sido el año en el que ha nacido mi bebé, y por ello, el mejor de mi vida. 

A veces tiendo a pensar que ambos alumbramientos, un principio y un final, no son más que el nacimiento de un nuevo ciclo vital en el que me siento más fuerte, más ligera,  más serena, con más amor, con más vida. Tengo a Miguel. Tenerlo a él, lo es todo para mí. Tengo un futuro que yo misma voy a forjar, con mis manos y con mi corazón. Con mi entrega. Y yo sé mucho de corazones y entregas, al fin y al cabo, mis únicas idiosincrasias. 

Sé que me equivoqué, y no voy a decir aquello de que mis errores me condujeron a donde estoy hoy. No. Mis errores me pesan, pero solo pretendo perdonarme y continuar. Vivir cada día con ilusión y siendo un poquito feliz; con Miguel, eso sí,  tengo todos los días felicidad; simplemente cuando vamos a dormir juntos, o me despierta a cada hora con sus patadas en mi vientre, o me estira de la camiseta buscando el pecho; cuando gimotea de alegría y se queda tranquilito en mis brazos; cuando entrelazamos mis dedos con sus manitas; cuando me mira fijamente y en paz; al hacerle cosquillitas y su risa inunda mis oídos, la casa, mi alma; cuando está tomando el pecho y de repente se detiene, y me sonríe, y continúa.   Eso es LA FELICIDAD. 

Y así quiero seguir. Quiero que sea un año sereno; sí, he de lidiar con toros importantes, pero los lucharé, como a mí me gusta. Como aprendí de mi madre. 


Quiero ser una mujer tranquila y feliz en este nuevo ciclo. Me lo pido. Y ya sé lo que toca. 

domingo, 10 de diciembre de 2017

Ahora

   

Quien tiene un SUEÑO  
tiene un TESORO



¿Y si resulta que era cierto aquello que algunos te decían y tú no creías, aquello de que "todo pasa por algo"?

Pasar estos días en casa, con Miguel, lejos de todos y todo, ha sido muy gratificante. He tenido tiempo para disfrutarlo, como solo mi niño me hace disfrutar, y también para disfrutarme a mí. A pesar de la tempestad, los días se suceden con calma y poco a poco comienzo a sentir cierta paz que reconforta mi espíritu. Ya no he de forzar nada, ya no he de esforzarme por hallar tranquilidad y reposo... Parece como si la vida, al doblar esta nueva esquina, me condujese por un nuevo sendero, ahora de tierra fina; me gusta cómo huele, mis piernas se sienten fuertes y mi respiración es más pausada. Apenas estoy cansada y vuelvo a tener la fe de los estoicos con la que nací.

Todo es más FÁCIL. Qué bien me sienta leerme de esta manera; también hay algo fácil para mí. Es tan cómodo sentirme así. En estos días nada pesa ya tanto y solo yo decido cómo me voy a sentir. Vuelvo a ser la dueña de mis lamentos, y de mis ilusiones. Le he concedido tanto a F. -ojalá conserve algo de lo mucho que le he dado, algo que le sirva para sonreír y reposar- que me vaciaba constantemente, y siempre tenía que volver a empezar de nuevo. Cuánto esfuerzo para sentirme dichosa.

Pero AHORA es distinto. Ahora es el momento. 


domingo, 12 de noviembre de 2017

Amor mío




Amor mío, amor mío,
Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo.
Y acaba de irse aquella que nos quería. Acaba de
salir. Acabamos de oír cerrarse la puerta.
Todavía nuestros brazos están tendidos. Y la voz
se queja en la garganta.
Amor mío...

Vicente Aleixandre 



"Hasta mañana" me decías en la oscuridad de la puerta. Te marchabas también esta noche y aquí me quedaba yo, presa del desconsuelo, aterida de pena, desconcertada por tu huida.
No tengo muy claro hacia dónde marchas, no conozco tu casa y nunca más vestiré tu cama. 

Respiro cuando todavía me llamas como hace años, nadie me llama como tú; cuando todavía encuentro tus ojos al fondo de este mar tempestuoso en el que tendré que navegar durante todo este tiempo. No creía que los años dibujarían esta herida sobre mi piel; aquella niña triste del arrabal había salido victoriosa del barrio de los chicos de ley; se había ido a la capital, había conseguido estudiar y leer unos cuantos libros.  Había conocido la poesía; tal vez ese fue su error, inundarlo todo de poesía; llenar los vacíos del alma con versos de madrugada en los que siempre estabas tú. 

Ahora toca esperar. Ahora es de noche, pero hay que esperar que la baraja entregue otros naipes para la siguiente mano. No creo en la justicia de Dios. 


También hay belleza en las ausencias. Y en las despedidas.